viernes, 14 de enero de 2011

Aplicación de las Pruebas de Esfuerzo al entrenamiento


A lo largo de los últimos años el entrenamiento deportivo se ha visto favorecido por la ayuda de otras áreas de conocimiento como la biomecánica, fisioterapia, medicina, etc. Todo esto ha provocado que el entrenamiento resulte cada vez menos intuitivo y entre otros, que la valoración del entrenador esté apoyada en hechos verificables y repetibles. Hoy en día ya no cabe la menor duda de que el trabajo en equipo y el engranaje de todos los elementos involucrados son la clave del éxito deportivo.


Todos no tenemos las mismas cualidades físicas. Ni nuestro sistema cardiovascular responde de la misma manera, cada uno tenemos un gesto técnico de carrera diferente, ni tenemos la misma capacidad de sufrimiento, ni llevamos la misma vida, no asimilamos igual las cargas de entrenamiento, no tenemos los mismos medios o capacidad de recuperación, etc. Hay que comprender que cada uno responde de diferente manera al proceso de entrenamiento. En definitiva podemos decir, que si no hay una individualización de los programas de entrenamiento, el resultado final podrá ser la falta de adaptación a las cargas, con lo cual no se mejora y en el peor de los casos nos encontramos con la fatiga y el sobreentrenamiento.

Debemos buscar solución a cada uno de éstos problemas. Con esta idea vamos a plantear un tema que estimamos importante para resolver claves del entrenamiento deportivo. Se trata de la aplicación de pruebas de laboratorio a la evaluación de ciertas capacidades físicas, las que, por tener una información precisa, puede aportar soluciones para la optimización del entrenamiento. Con todo ello nos encontramos con un punto de inicio para la programación del entrenamiento: La prueba de esfuerzo.

Nos va a permitir extraer muchas conclusiones. En primer lugar, y la más importante, descartar problemas de salud y que verdaderamente uno es apto para la práctica deportiva. Adicionalmente a la prueba se realizará un estudio de las particularidades de nuestro somatotipo (parámetros físicos y antropométricos de nuestro organismo), que son la estatura, peso corporal, porcentaje muscular, porcentaje graso, peso ideal, etc. que permiten tomar decisiones del tipo de entrenamiento que va a interesar programar o los cambios dietéticos que se deberán realizar.

En segundo lugar pasamos a observar y evaluar los parámetros fisiológicos que nos van a determinar las indicaciones individuales del proceso de entrenamiento. Vamos a destacar los más relevantes: pulsaciones minuto determinadas en los umbrales aeróbico y anaeróbico (y ritmo –tiempo al mil- en que se producen), pulsaciones en reposo, pulsaciones máximas en esfuerzo, consumo máximo de oxígeno (VO2max), y velocidad de carrera en cada uno de los umbrales. Por ejemplo, en un corredor popular:
  • Umbral aeróbico: a 5:33 x 1000m, con 156 ppm.
  • Umbral anaeróbico: a 4:17 x 1000m, con 176 ppm.
Estas son las características fisiológicas que nos definen a cada uno de nosotros y, a través de ellas, se establece la programación y periodización del entrenamiento individual. Cada uno podrá saber a qué frecuencia o ritmo ha de entrenar para consumir grasas y realizar el trabajo aeróbico. En qué momento empieza a utilizar los carbohidratos como sustrato energético principal. Establecerá su velocidad de carrera para las series de entrenamiento, incluso, en el caso de maratones y medias maratones, determinar ritmos de competición. Permitirá toma de decisiones respecto del planteamiento táctico de intensidad de carrera en la competición. Pero sobre todo, sabrá que se está optimizando tiempo de entrenamiento, que cada sesión tiene un objetivo determinado y está realizando el proceso de entrenamiento que necesita.

En tercer lugar, la prueba de esfuerzo, aparte de definirnos cómo estamos en cada momento, sirve como control y evaluación de nuestro programa de entrenamiento, ayudándonos a modular la planificación y el trabajo realizado. El entrenamiento comporta una importante inversión en tiempo y esfuerzo y no debemos malgastarlos.

Como conclusión, es necesario saber las características físicas y fisiológicas que poseemos, todos no somos iguales, por lo que todos no podemos ni deberíamos entrenar igual. Nuestro motor es nuestro organismo. ¡Cuídalo!

Luis García del Moral
Medicina de la Educación física y deporte

José Garay Cebrián
Preparador Físico

No hay comentarios:

Publicar un comentario