domingo, 10 de julio de 2011

Que la fuerza te acompañe


La célula muscular tiene la característica del todo o nada: o se contrae, o no se contrae. Depende de si le llega estímulo eléctrico para que lo haga. A más estímulo eléctrico, más células musculares se activan y, de forma proporcional, más fuerza se genera.

El hecho de estimular una célula provoca que ésta se desarrolle en la dirección de las características del tipo de estímulo: mejora de sus cualidades aeróbicas o de las anaeróbicas. Sin embargo, la falta de estímulo provocará una progresiva inhibición y atrofia de las células no activadas, con la consiguiente pérdida de potencial.

La realización de un ejercicio repetitivo y constante como es el de la carrera va a provocar un continuo estímulo, de las mismas características, sobre unas fibras musculares determinadas, con la consiguiente adaptación de éstas al tipo de entreno realizado (en éste caso mejora de los sistemas aeróbicos), con progresiva inhibición y atrofia de las que no se “solicitan”.


La realización de trabajos repetitivos (entrenamientos y competiciones) va a producir por otro lado el deterioro y destrucción de cierta cantidad de fibras musculares en uso, ya sea por sobresolicitación, por microtraumatismos, calor, etc. En ésta situación se irán perdiendo por tanto células “entrenadas”, sin que dispongamos de un recambio inmediato, y con ello se va a perder fuerza, que tiene como consecuencias inmediatas el descenso del centro de gravedad y acortamiento de la zancada, mayor inestabilidad biomecánica y posibilidad de lesionarse, “dolor” muscular y tendinoso, menor capacidad de recuperación, etc.

La estimulación y entrenamiento de “mas” fibras musculares pasa por la “sobresolicitación”, esto es, entrenamientos con estímulos altos, que son fundamentalmente el entrenamiento de “pesas” y las series. Al llegar un mayor estímulo eléctrico al músculo, éste responde activando una mayor cantidad de fibras, y con ello estamos entrenando éstas fibras que de otro modo estarían “dormidas”.
Es por todo ello que se hace imprescindible desde el punto de vista tanto de la prevención como del de la mejora del rendimiento el realizar de forma sistemática durante la temporada, ciclos de entrenamiento de la fuerza, en forma de fuerza máxima, fuerza resistencia, recordatorios de la fuerza, etc. correctamente protocolizados, que nos “activen”, de manera que dispongamos ante situaciones de necesidad de esa reserva de fuerza que permita sobreponernos en los momentos comprometidos.
Estas sesiones de entrenamiento de la fuerza deberán hacerse como ciclos independientes, 1-2 por temporada durante la fase genérica de preparación, y también dentro de la rutina semanal de entrenamiento en la fase precompetitiva y competitiva, pero siempre controladas por especialistas, para una óptima cuantificación del porcentaje de fuerza máxima a aplicar, número de series, repeticiones, técnica de ejecución, etc. También será importante realizarlas en combinación con la práctica de carrera contínua y técnica de carrera, de cara a conseguir una óptima “transferencia” de la fuerza.
Dr. Luis García del Moral Betzen

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