jueves, 2 de octubre de 2014

HIIT-Entrenamiento intermitente de alta intensidad

Ultimamente ha cogido fuerza el concepto de entrenamiento intermitente de alta intensidad (HIIT son sus siglas en inglés), como método de entrenamiento, por la baja dedicación de tiempo por sesión de la que requiere y por tanto más posibilidades de ser introducido en la rutina diaria.
Por otro lado, el hecho de que se trate de un trabajo de alta intensidad va a producir una clara sensación de “estar haciendo algo”, mas divertido, y cambios hormonales (elevación de endorfinas) que van a producir una sensación de trabajo bien hecho, y una mayor adherencia al mismo.
Actualmente se están publicando bastantes artículos científicos relacionados con este tipo de entrenamiento, incluso de su conveniencia o no en la aplicación para el entrenamiento de poblaciones con patologías diversas como cardiacas o metabólicas (que parece que sí), o de cuáles serían las “dosis” más adecuadas. Pero no se sabe casi nada de las consecuencias a medio-largo plazo en este tipo de poblaciones.

jueves, 27 de febrero de 2014

El control de la intensidad

Parece claro que el aplicar una correcta intensidad según el tipo de entrenamiento del que se trate va a ser crucial de cara a poder hacer “lo que toque”, ni más, ni menos. Y también parece lógico y recomendable adaptarnos a nuestro estado psicofísico para evitar que lo que hacemos pensando que es beneficiosos, tanto desde el punto de vista del rendimiento como de la salud, no se vuelva en nuestra contra.
La duda me surge cuando de forma tan frecuente llegan a consulta deportistas que están aplicando mal estas intensidades, tanto en la vertiente de la falta de progresión en el entrenamiento, como, y esto es más importante, en el hecho de que se están “haciendo daño”. Algunos por estar mal asesorados, pero una gran mayoría por tener, por así decir, las sensaciones alteradas.

Es sabido que la práctica deportiva, y en especial la práctica deportiva de intensidad, genera la liberación de endorfinas (opiáceos de producción interna), lo que nos va a generar una sensación placentera, pero también, una reacción de dependencia (necesito mi dosis) y tolerancia (la dosis ha de ser mayor). Y todo ello llevará a un progresivo incremento de la intensidad del entrenamiento. Y el incremento de intensidad llevará una mayor susceptibilidad a padecer lesiones o problemas físicos, ausencia de progresión en la competición, etc.
Entonces, ¿cómo controlar esa intensidad?

jueves, 16 de enero de 2014

Relación Intensidad – Tiempo


A mayor duración del entreno, menor intensidad total. Parece obvio, pero ¿por qué? Porque si no, no podríamos aguantarlo. Este sería el factor limitante más fácilmente objetivable, pero hay más y, si cabe, más importantes.
Por ese motivo, y otros como la experiencia o el conocimiento de la metodología de trabajo, es raro que un deportista de élite de disciplinas de fondo cometa grandes errores en la elección de la intensidad del entreno, ya que, al realizar grandes volúmenes de entrenamiento, cualquier exceso en el mismo lo pagará de forma inmediata, a los pocos días o semanas.
Sin embargo, en deportistas aficionados, es un error que encontramos de forma mucho más habitual de lo que podría parecer, cuesta detectarlo por uno mismo.
Como quiera que en estos últimos el volumen total de trabajo es relativamente bajo, las consecuencias de entrenar a intensidades excesivas (entre ellas la descrita de no poder seguir el ritmo), van a tardar más en aparecer, y a veces se van a manifestar de una forma que no nos permite relacionarlo fácilmente con la causa original (p.ej. una rotura fibrilar o una contractura, dolores difusos articulares o no tan difusos, problemas de fatiga o de insomnio, o incluso manifestaciones más preocupantes como extrasístoles,  taquicardias o respuestas de tensión arterial inadecuadas).
Y ¿cuáles son eso motivos que no nos permiten entrenar más deprisa?